La duodécima edición del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC revela un deterioro generalizado del bienestar psicológico de la población. El estudio advierte que el 18,5% de los encuestados presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, mientras que las dificultades económicas, el desempleo y el temor a perder el trabajo se relacionan con mayores niveles de malestar. Los resultados plantean importantes desafíos para el mundo laboral y las pequeñas y medianas empresas.
La salud mental de los chilenos atraviesa un preocupante deterioro. Así lo revela la duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, estudio longitudinal que monitorea periódicamente el bienestar psicológico de la población urbana mayor de 18 años y que, en su última medición, registró los indicadores más preocupantes de los últimos cuatro años.
De acuerdo con los resultados, un 18,5% de los encuestados presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, cifra que representa un aumento de 5,8 puntos porcentuales respecto de abril de 2025. El deterioro también se manifiesta en indicadores de depresión, ansiedad, insomnio y soledad, configurando un escenario de empeoramiento generalizado que no se observaba desde la pandemia.
Desde la Multigremial Nacional de Emprendedores, organización que representa a gremios y asociaciones de distintos sectores productivos del país, estos antecedentes adquieren especial relevancia por la estrecha relación que el estudio identifica entre la salud mental, la situación económica de los hogares y la estabilidad laboral.
Endeudamiento y desempleo: factores estrechamente vinculados con la depresión
Uno de los hallazgos más significativos del estudio es la asociación entre las dificultades económicas y la presencia de síntomas depresivos.
Entre quienes declaran tener deudas complicadas en su hogar, un 43% presenta síntomas moderados o severos de depresión, una prevalencia cinco veces mayor que la observada entre quienes no enfrentan problemas de endeudamiento.
La situación laboral también marca diferencias importantes. Entre las personas desocupadas, la prevalencia de síntomas depresivos alcanza un 36,7%, frente al 14,1% registrado entre quienes tienen empleo.
A estas cifras se suma la brecha socioeconómica: mientras en el 20% de los hogares de mayores ingresos la prevalencia de síntomas depresivos alcanza un 11%, en el quintil de menores ingresos llega al 22%.
Estos resultados son especialmente relevantes para el ecosistema de las micro, pequeñas y medianas empresas, donde la estabilidad de los negocios, la continuidad de los ingresos y las condiciones económicas de los hogares forman parte de las preocupaciones cotidianas de emprendedores, empresarios y trabajadores.
Aunque el estudio no entrega en estos antecedentes una medición específica sobre la salud mental de los dueños de pymes, sus conclusiones permiten dimensionar la importancia de abordar el bienestar psicológico junto con los desafíos económicos y laborales que enfrenta el sector.
Antonia Errázuriz, directora de Comunidad, Bienestar y Salud Mental UC, destacó que la relación entre endeudamiento y depresión debiera considerarse en el diseño de programas de educación y orientación financiera, incorporando herramientas para manejar el estrés asociado a las deudas.
Incertidumbre laboral y nuevas tecnologías aumentan las preocupaciones
El Termómetro también da cuenta de un incremento de la preocupación por la estabilidad del empleo.
Un 24,7% de los encuestados manifiesta temor a perder su trabajo, mientras que un 23,3% declara experimentar altos niveles de estrés ante la posibilidad de que la automatización o la inteligencia artificial afecten su estabilidad laboral.
Estas cifras reflejan que las transformaciones del mercado del trabajo no solo representan desafíos productivos y tecnológicos, sino que también tienen una dimensión humana que requiere atención.
Para las pymes, que deben enfrentar procesos de modernización, incorporación de nuevas tecnologías y adaptación a un entorno económico cambiante, estos resultados refuerzan la importancia de promover la capacitación, la reconversión laboral y la adaptación tecnológica de manera inclusiva.
Jóvenes y mujeres presentan mayores niveles de síntomas depresivos
La investigación también identificó diferencias significativas según edad y género.
A nivel nacional, un 16,2% de la población presenta síntomas moderados o severos de depresión, lo que representa un aumento de 3,2 puntos porcentuales respecto de abril de 2025 y constituye el registro más alto de los últimos cuatro años.
Los jóvenes menores de 30 años aparecen como el grupo más afectado, con una prevalencia de 23%. Les siguen las personas entre 50 y 59 años, con un 16,4%, y aquellas entre 30 y 39 años, con un 14,9%. En contraste, entre las personas de 70 años o más la cifra alcanza un 4,9%.
Las diferencias por género también son relevantes. Un 20,5% de las mujeres presenta síntomas moderados o severos de depresión, frente al 11,6% de los hombres.
Sin embargo, el estudio advierte que la sintomatología depresiva masculina también ha aumentado: los hombres registraron un incremento de 5,6 puntos porcentuales respecto del año anterior, alcanzando su nivel más alto de las últimas ocho mediciones.
El deterioro de la salud mental también afecta la vida cotidiana y el desempeño laboral
Más allá de los indicadores de prevalencia, el estudio profundizó en las consecuencias que los síntomas depresivos tienen sobre las actividades diarias.
Entre las personas con síntomas severos de depresión, un 47,9% señala que le ha resultado difícil o extremadamente difícil cumplir con sus responsabilidades laborales, atender las tareas del hogar o relacionarse con otras personas.
Asimismo, la proporción de quienes manifiestan dificultades extremas aumentó desde un 13,8% a un 17,7% respecto de la medición anterior.
Los resultados también muestran una fuerte asociación entre los problemas de sueño y la depresión. Un 56,8% de quienes presentan insomnio moderado o severo registra también síntomas depresivos de esa intensidad.
Otros factores asociados con una mayor prevalencia de síntomas depresivos son la soledad, el bajo apoyo social, el sedentarismo, el dolor crónico y una percepción negativa del estado general de salud.
Por ejemplo, entre quienes perciben soledad, la prevalencia de síntomas depresivos moderados o severos alcanza un 40,3%, frente al 9,5% entre quienes no reportan esa condición. De manera similar, quienes cuentan con bajo apoyo social registran una prevalencia de 43,5%, en comparación con el 10,7% de quienes disponen de alto apoyo social.
Estos antecedentes refuerzan la importancia de promover ambientes laborales saludables, fortalecer las redes de apoyo y facilitar la detección temprana de problemas de salud mental, considerando que sus consecuencias pueden extenderse al desempeño laboral, las relaciones personales y la calidad de vida.
Persisten importantes barreras para acceder a atención profesional
Otro de los aspectos preocupantes del estudio es la brecha existente entre la presencia de síntomas y la búsqueda de ayuda especializada.
Según los resultados generales compartidos por Achs, un 61% de las personas que presentan síntomas significativos de salud mental no identifica la necesidad de consultar a un profesional. Entre quienes sí reconocen esa necesidad, las principales dificultades están relacionadas con el costo de la atención y la disponibilidad de horas.
Al analizar específicamente a quienes presentan síntomas depresivos, la investigación muestra que un 45,9%, equivalente a aproximadamente 1,1 millones de personas, no sintió necesidad de consultar a un especialista durante el último año.
Adicionalmente, un 9,2%, cerca de 220 mil personas, manifestó haber necesitado atención, pero no logró acceder a una consulta.
Entre quienes presentan síntomas depresivos, un 44,9% consultó a un profesional durante los últimos doce meses y un 31,5% declaró encontrarse actualmente en tratamiento.
Pese a estas dificultades, los resultados también muestran señales positivas sobre la atención profesional: un 73,8% de las personas que reciben tratamiento en salud mental reporta una mejoría en su situación emocional y un 75,8% manifiesta altos niveles de satisfacción con la atención recibida.
Un desafío para el mundo de las pymes y las políticas públicas
Los resultados del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC ponen de manifiesto que el bienestar psicológico de la población no puede analizarse de manera aislada de las condiciones económicas, sociales y laborales.
Para el mundo de las micro, pequeñas y medianas empresas, el estudio constituye un antecedente relevante para promover una mirada integral que considere tanto la salud mental de los trabajadores como las condiciones en que se desarrolla la actividad emprendedora.
La incertidumbre económica, las dificultades de financiamiento, el endeudamiento y los cambios tecnológicos son desafíos que forman parte de la realidad de numerosas empresas del país y que deben abordarse desde una perspectiva que incorpore también el bienestar de las personas.
En este contexto, los hallazgos refuerzan la necesidad de avanzar en iniciativas de educación financiera, prevención de riesgos psicosociales, acceso oportuno a atención de salud mental, capacitación laboral y políticas públicas que contribuyan a generar mayor estabilidad económica y mejores condiciones para emprender y trabajar.
La Multigremial Nacional destaca el valor de contar con estudios periódicos como el Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, que permiten identificar tendencias, visibilizar factores de riesgo y aportar evidencia para la toma de decisiones tanto en el ámbito público como privado.
Porque detrás de cada empresa existen personas, familias y trabajadores, avanzar hacia un entorno económico más estable y favorable para las pymes también significa contribuir a mejores condiciones de bienestar para quienes sostienen la actividad productiva del país.