La decisión de Empresas Iansa de suspender la compra de remolacha para la temporada 2026-2027 no sólo encendió las alarmas en el agro, sino que gatilló la crisis más profunda sobre el futuro de una industria que por más de siete décadas formó parte del paisaje agrícola del centro sur del país.
La medida implicaría que Chile deje de producir azúcar a partir de materia prima nacional y dependa completamente de importaciones o refinación de azúcar de caña traída desde el extranjero.
El impacto va más allá de la producción agrícola. Según cifras del sector, hoy existen cerca de 240 productores ligados al cultivo y alrededor de 7.000 hectáreas sembradas, muy lejos de las más de 60 mil hectáreas que llegó a tener la remolacha en sus años de auge.
A ello se suma el efecto sobre empleos, transporte y servicios asociados en regiones históricamente vinculadas al rubro.
Desde el Gobierno, el ministro de Agricultura, Jaime Campos, reconoció que el cierre marca el término de una etapa productiva histórica. «Lo más lamentable para mí es lo siguiente. Se termina una historia que tenía 70 años. Hace 70 años que aquí en Chile estábamos produciendo azúcar a partir de remolacha chilena», sostuvo en Tele13 Radio.
En paralelo, los productores advierten que el deterioro del sector no ocurrió de manera abrupta, sino que responde a un proceso de años marcado por el cierre de plantas, la pérdida de competitividad frente al azúcar de caña y el aumento sostenido de costos productivos.
Hoy, el futuro de la remolacha chilena parece depender exclusivamente de una eventual reversión de la decisión de Iansa o de un cambio profundo en las condiciones internacionales del mercado del azúcar.
De 60 mil hectáreas a 7 mil:
La caída de la remolacha en Chile La reducción del cultivo de remolacha en Chile no es reciente. Tanto el Gobierno como los productores coinciden en que el sector venía retrocediendo desde hace décadas, aunque el anuncio de Iansa aceleró la sensación de cierre definitivo de la actividad.
«El área afectada hoy día son 7.000 hectáreas, pero Chile llegó a tener sobre 60.000 hectáreas de remolacha. O sea, venía bajando hacía tiempo», afirmó el ministro Campos.
El secretario de Estado recordó además que el país llegó a operar con cinco plantas procesadoras de azúcar a partir de remolacha, mientras que actualmente solo quedaba funcionando la planta de Chillán. «De esas cinco solo queda una, la de Chillán, la que va a descontinuar la producción de azúcar a partir de remolacha la próxima temporada», señaló.
Desde Fenare, su presidente Jorge Guzmán explicó a Emol que el proceso de reducción se aceleró con el cierre progresivo de instalaciones industriales. «Hace unos 10 años se cerró la planta de Linares (…) y ya hace cuatro años se cerró la planta de Los Ángeles y bajamos a 8.000 hectáreas», comentó.
En la práctica, el cierre de plantas redujo no solo la superficie sembrada, sino también el número de agricultores involucrados. Según Campos, «en su minuto llegamos a tener sobre 2.000, 2.500 productores», mientras que hoy el universo ronda los 240 agricultores.
El avance del azúcar de caña y la pérdida de competitividad
Uno de los factores que aparece con más fuerza en el análisis es la creciente ventaja competitiva del azúcar de caña frente a la remolacha.
Campos sostuvo que la discusión entre ambos productos lleva décadas instalada a nivel internacional. «La verdad es que esta era una disputa muy antigua entre la remolacha con el azúcar de caña. ¿Cuál era la más competitiva? Y pareciese que, por lo menos hoy, en el concepto internacional, la batalla la ganó el azúcar de caña», afirmó.
El ministro agregó que los niveles de productividad y costos terminaron inclinando la balanza hacia el producto importado. «Tiene indicadores de producción mayores, son más competitivos», dijo.
Con ello, el panorama para Chile cambia estructuralmente. «A partir de ahora todo el azúcar que se va a consumir en Chile o va a ser azúcar importada o azúcar refinada en Chile a partir de azúcar de caña», señaló el titular de Agricultura.
Desde los productores también reconocen que el contexto económico se volvió especialmente adverso. Guzmán explicó que el incremento de costos en fertilizantes, combustibles e insumos hacía muy difícil sostener el cultivo bajo las condiciones actuales.
«Con los costos de fertilizante, con los costos de combustible, es bastante complejo», sostuvo. A juicio del dirigente, los precios que podía ofrecer la industria eran insuficientes para equilibrar la ecuación productiva.
Un cultivo concentrado en el centro sur y en suelos de alto rendimiento
La remolacha se desarrolló históricamente en algunas de las zonas agrícolas más productivas del país. Según Fenare, el cultivo se concentraba principalmente entre Linares (región del Maule) y Los Ángeles (región del Biobío), aprovechando terrenos de alto rendimiento y sistemas de riego tecnificado.
«En general son los mejores suelos agrícolas los que estaban sembrándose con remolacha», explicó Guzmán.
El dirigente detalló que el cultivo exige altos niveles de inversión y tecnificación, lo que también fue modificando el perfil de los productores. Si en décadas anteriores existían miles de pequeños agricultores participando del rubro, hoy la actividad está más concentrada en productores medianos y grandes.
«Hoy día hay una mayor concentración de hectáreas que hacen medianos y grandes agricultores», comentó.
Sin embargo, aclaró que todavía existen pequeños productores, especialmente en la zona de Chillán (región del Ñuble). «Todavía queda mucho pequeño productor, muchas superficies de 6, 10, 12 hectáreas», indicó.
El impacto económico: Empleo, transporte y servicios
Aunque la superficie cultivada es menor que décadas atrás, la remolacha sigue generando actividad económica relevante en las regiones donde se produce.
Fenare estima que las cerca de 8.000 hectáreas asociadas al cultivo movilizan entre 1.500 y 2.000 empleos directos e indirectos, especialmente ligados al trabajo agrícola y al transporte. «Solo en el campo y en el transporte estamos hablando de entre 1.500 y 2.000 personas en empleo directo e indirecto», afirmó Guzmán.
El dirigente también enfatizó el rol dominante de Iansa dentro del sector. «El peso de Iansa en la industria remolachera nacional es 100% porque son los únicos compradores», sostuvo. La inexistencia de otro poder comprador o de plantas alternativas deja a los agricultores sin capacidad de reconvertir rápidamente la producción hacia otro actor industrial.
¿Hay alternativas para evitar el cierre?
Los productores sostienen que la situación era compleja, pero creen que pudo existir margen para buscar soluciones transitorias si el proceso se hubiera abordado con más anticipación. Guzmán aseguró que en otras oportunidades la industria y los agricultores lograron acuerdos para enfrentar períodos difíciles sin provocar pérdidas severas en ninguna de las partes.
«Muchas veces, años atrás, logramos llegar a acuerdos de manera tal de que a la industria no le significara una pérdida, y a los agricultores tampoco», comentó. El presidente de Fenare afirmó además que el tiempo era un factor clave.
«A lo mejor hubiéramos sido capaces de buscar alternativas y soluciones, si esto se hubiera estudiado con bastante tiempo», señaló.
Pese a ello, reconoce que la única posibilidad concreta de mantener vivo el cultivo pasa hoy por una reversión de la decisión de Iansa. «La única medida que podría evitar la desaparición del cultivo es que Iansa revierta la decisión», dijo.
Un cierre que el sector ve difícil de revertir
En el Gobierno también existe pesimismo respecto a una eventual recuperación futura de la producción nacional de azúcar a partir de remolacha. «Es muy difícil, salvo que haya un cambio en la realidad nacional y mundial, que volvamos a tener producción nacional», advirtió Campos.
La frase resume el sentimiento que hoy atraviesa al sector: más que una crisis puntual, la industria enfrenta el posible cierre definitivo de una actividad que durante décadas marcó la economía agrícola de amplias zonas del centro sur del país.
Fuente: EMOL