El jueves pasado se hizo efectiva en Chile la fuerte alza de los combustibles que traspasó el gobierno, a raíz de la escalada mundial del petróleo como consecuencia de la guerra en Irán . Con las modificaciones que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, aplicó al Mecanismo de Estabilización del Precio de los Combustibles (Mepco), la bencina de 93 octanos subió $372, la de 97 octanos $392, mientras que el diésel aumentó $580.
El primer impacto de este ajuste récord ya se está dejando sentir en el bolsillo de los consumidores, al utilizar combustibles para sus vehículos. Un segundo efecto que comenzará a notarse es en el precio de los alimentos. Y dentro de estos últimos, uno en particular es el caso del pan.
Si bien el costo de transporte afecta de forma transversal a todos los productos de la canasta básica de alimentos, en el caso del pan se suman los costos netamente de producción, correspondiente al uso de hornos industriales para su cocción, que funcionan fundamentalmente a gas y diésel.
El pan es, además, el quinto producto que más pesa en la canasta del IPC -tras arriendo, alimentos adquiridos en restaurantes, cafés y similares, autos nuevos y gasolina- y el primero de los alimentos. “El alza será sí o sí. Ahora, la magnitud de cuánto del incremento del crudo se transmite al gas, que es el insumo clave, es la variable a determinar”, señala el economista de Euroamerica, Felipe Alarcón.
Marcelo Alonso, presidente de ChilePan, explica que los principales distribuidores de pan son almacenes pequeños, los que son abastecidos por panaderías más grandes que distribuyen en vehículos motorizados que funcionan con bencina.
“El petróleo o el gas son fundamentales (para los hornos), porque no podemos usar leña en Santiago, al menos en la Región Metropolitana. Después está la cadena de distribución. Nuestros principales distribuidores de pan son los almacenes pequeños, que son los que son abastecidos por las panaderías y el pan se tiene que entregar en vehículos motorizados que son a petróleo, bencina”, detalla.
A esto, Alonso agrega la preocupación por el alza de la UF, la que puede incidir en el caso de las panaderías que arriendan espacios, y que varía según el tamaño y ubicación.
A pesar de esto, los dirigentes gremiales coinciden en que aún es muy pronto para dar cifras exactas y que no existe una norma que aplique de forma pareja en todo el país, ya que cada panadería opera de forma distinta.
“Si diera una cifra del aumento del costo o el precio de venta a público sería una garrafal especulación, porque hay panaderías pequeñas, grandes, con horno eléctrico, otro que tiene petróleo. Incluso, hay algunos que solamente reparten en triciclos”, asegura Marcelo Alonso.
FUENTE: LA TERCERA