Hace 10 años, la principal crítica a la salmonicultura era su escasa vinculación con los territorios donde operaba. Atendiendo a esta preocupación, desarrollamos un amplio programa de vinculación y diálogo permanente con actores locales para abordar brechas, desafíos y trabajar en agendas comunes para generar valor en las regiones donde estamos presentes.
Sin embargo, parece que estamos condenados al “palos porque bogas, palos porque no bogas”. Antes se nos criticaba por no vincularnos con las comunidades y trabajadores; ahora, que hemos construido relaciones de largo plazo con resultados visibles, un estudio de académicos de la Universidad de Los Lagos califica estas acciones como estrategias de cooptación.
Agendas de trabajo en materias de diversificación productiva con la pesca artesanal o comunidades indígenas; la participación en iniciativas de desarrollo local; los Diálogos para la Salmonicultura del Futuro, que congregó a cerca de mil personas de Biobío a Magallanes, o iniciativas como el Plan Salmón 2050, son acciones que nos llenan de orgullo y en las cuales estamos convencidos que vamos por el camino correcto.
Resulta desconcertante que un estudio académico ignore estos avances y presente una visión parcial y desactualizada del sector salmonicultor, que hoy genera 86.000 empleos y aporta más de US$6.400 millones en exportaciones anuales.
Invitamos a los investigadores a actualizar su mirada y reconocer la transformación que ha experimentado la salmonicultura chilena, superando antagonismos simplistas entre desarrollo económico y sustentabilidad.
Tomás Monge, gerente general de SalmonChile